Sobre este episodio
Ayer, después de que se confirmara por boca del presidente un aumento del presupuesto de la JCE y en la misma fecha en que se da cuenta de que el país ha avanzado en el Indice Mundial de Libertad electoral, el organismo anuncia un reglamento para la publicidad electoral. Es innegable que esta gestión de la JCE ha superado con creces el trabajo de organización de las anteriores. Y también es innegable que enfrenta al peor tigueraje político que se haya organizado en un congreso en décadas. Ese congreso ha dado muestras fehacientes de que no le interesa la institucionalidad que hoy se reconoce internacionalmente y que prefiere la manigua, la manipulación y el control del organismo electoral a favor de cualesquiera que tenga poder. Regular la publicidad electoral significa establecer topes, individuales y corporativos. Regular significa crear un mecanismo de verificación y medición de la inversión de miles de candidatos que, en la mayoría de los casos, disponen de carta abierta para gastar porque para ellos la política es una inversión marginal para garantizarse otra, la de verdad, la de sus negocios. Lo que se propone la JCE es una tarea de Hércules que proporcionaría mayor equidad al proceso pero que el primer obstáculo que deberá superar será el coro de los propios medios que tienen en los políticos corruptos una gran cantera de anunciantes. La segunda después del estado. Lejos está la época en que las tabacaleras, rones, bancos y telefónicas eran los principales anunciantes del país. Ahora el gobierno es el zar. Y no se anuncian los servicios que comprometen al estado, ni las actividades en pro de los ciudadanos, nada de eso. La publicidad estatal ahora, igual que antes, está referida a personas desde el presidente de la República hasta el más modesto funcionario de un distrito municipal. Todos tienen publicidad. En muchos países la publicidad política está referida a los medios públicos y se da el mismo espacio a cada uno de los candidatos reconocidos. Aquí es rompan fila y viva el jefe. El espectro mediático de RD pareciera el de países como Brasil o Rusia con millones de KM2, tenemos 8 impresos, 8 canales de TV abierta y 38 UHF, 90 empresas de cable además de la telefónicas que tienen el 80% del Mercado. En cada una de las empresas de cable por lo menos dos canales de tv local, 233 emisoras FM y 146 AM, 92 emisoras comunitarias, más de 800 periódicos digitales y miles de blogs. Todo es en 48 mil KM2. No tengo idea de cuantos canales de youtube y páginas informativas de FB. Ese monstruo es el que la JCE quiere ordenar y ese orden depende de una decisión del gobierno que no tiene nada que ver con el presupuesto de la JCE sino de la política de comunicación oficial. Es el gobierno de Abinader que alimenta ese monstruo creado por Leonel Fernández en el 2006 y alimentado hasta ahora con los fondos públicos. A la JCE hay que desearle suerte…