Sobre este episodio
Los más jóvenes no recuerdan la frase de un perenne candidato presidencial al servicio de Balaguer. "Macana, macana, macana" fue su único aporte a la fauna política. Luis Homero Lajara Burgos nos heredó los partidos de carpeta y la idea de la macana solo contra pobres. Este país se acostumbró a asociar el delito con la pobreza y es tal que los grandes crímenes contra el estado que matan más gente que un asesino de barrio reciben penas pírricas. El caso Odebrecht fallado hace unos días es una muestra. Preparado para el fracaso, el caso Odebrecht juzgó los 92 millones de dólares pagados en sobornos pero no los 1300 millones estimados en sobrevaluación de obras construidas por la empresa. Cuanta gente murió en un hospital por falta de atenciones que se pudieron cubrir con 1300 millones de dólares. Por eso muchos organismos ya consideran la corrupción como un crimen de lesa humanidad. Aquí las únicas sentencias por el caso son de 8 y cinco años y nadie piensa en la macana para ese delito. Quiero provocar esta reflexión a propósito de la mano dura y la macana que pide una parte de la población que pretende cambios en una receta usando los mismos ingredientes de los últimos 60 años. Este lunes amanecemos con un nuevo jefe en la misma policía. La población no puede cambiar la policía porque eso es una política publica que quizá se está intentando por primera vez, los cambios anteriores fueron meramente cosméticos. Lo que si puede cambiar la población es su mirada hacia la policía y lo que se espera de ella. El primer paso hacia el cambio es que los policías se ganen el respeto de los ciudadanos sobre todo de los más humildes. La tradición policial, hasta ahora ha sido siempre, temor hacia los ricos y macana para los pobres. El cambio posible en lo inmediato es ese únicamente ese.