Sobre este episodio
Luis Abinader se comprometió con un Ministerio Público independiente y una cámara de cuentas sin presencia partidaria y lo cumplió (ojalá cumpliera igual con sus otras promesas de campaña) Esos dos elementos que técnicamente no controla fueron los asumidos por la población cuyas informaciones fueron interpretadas por Transparencia Internacional para mejorar la puntuación de República Dominicana en su índice. El Índice de Percepción de la Corrupción combina datos de distintas fuentes que recogen las percepciones de los empresarios y especialistas de países sobre los niveles de corrupción en el sector público. La deducción elemental es que la población no le atribuye los avances en la lucha contra la corrupción al gobierno en sí mismo. En los primeros 18 años de gobierno de PLD y el interín de cuatro de Hipólito Mejía el tema de la corrupción no era relevante en la opinión pública aunque en uno de sus discursos de campaña Leonel Fernández de los 90 decía que la corrupción se llevaba unos 30 mil millones de pesos al año. El tema cobro vigencia política y se sitúa en el numero uno de las encuestas a partir de la publicación en Estados Unidos de los sobornos reconocidos por la empresa Odebrecht. El aparato de control social creado por el PLD popularmente conocido como las bocinas no pudo enfrentar la oleada que vino desde fuera y las movilizaciones de la MV despertaron a un país desmovilizado por dos décadas pero que ya daba pasos con las luchas ambientales y la del 4% por la educación. El gobierno de Abinader tiene que enviar un mensaje de que la lucha contra la corrupción no depende exclusivamente del ministerio público y que a más de las destitución de una decena de funcionarios entre ellos tres ministros se encamina por un definitivo sendero de la transparencia. Esta administración y sus líderes o se meten ellos mismos en cintura o pierden respaldo público. Con una inflación en aumento, una crisis de los combustibles que no controla, la lucha contra la corrupción puede ser su única bandera.