Sobre este episodio
Roberto Fulcar pide una auditoría de su gestión y no sé si la Cámara de cuentas podrá complacerlo aunque le haría un favor. La Cámara de cuentas tiene un cronograma en que no sé si evaluar una gestión de dos años sea una prioridad como políticamente conviene al ex funcionario. Si quiere sobrevivir en política en este momento Fulcar necesita ardorosamente de esa auditoría. La urgencia de Fulcar, que hoy entrega el ministerio, tumba el esquema de defensa que asumieron algunos de sus colaboradores cercanos que advirtieron a Abinader que los popis y la sociedad civil no buscan votos. El fundamento de esa defensa es que el hoy ministro sin cartera, blanco de criticas permanentes en su gerencia de educación, fue el superbuscador de votos y que por eso Abinader es presidente. Quienes se niegan a entender los cambios en una sociedad no pueden creer que van a liderarla. Ayer recibí por distintas vías una campaña destacando los logros del ex funcionario y le dije a alguien que me merece respeto que la comunicación no es un producto de colmado que mientras más mejor. La comunicación se planifica y se dosifica. Nadie es bueno porque lo diga si no hay un tercero que reconozca las evidencias. En la realidad rara vez lo abstracto sustituye a lo concreto. Por eso digo que twitter no es la realidad y que sin influencias sobre las personas nadie crece en política. Y les voy a poner un segundo ejemplo. Hoy se reúne el comité político del PLD. La nota aparece en letras chiquitas al interior de algunos medios. A nadie le importa las decisiones del organismo peledeísta que durante 16 años sustituyó al congreso nacional. El antes poderoso Comité Político no le importa a nadie porque no tiene poder y sus decisiones no nos cambian la vida ni siquiera nos afectan como antes ocurría. Entonces no hay nota de prensa que lo ponga grande. Sin importar que sus miembros sean de las personas más adineradas del país porque es probable que eso de lo que se ufanaban ahora quieran ocultarlo. La supervida de las familias peledeístas ahora por lo menos no son públicas aunque las fortunas permanezcan. Comento sobre esto porque cada día me convenzo más de que las prácticas políticas del país tienen que acomodarse a los nuevos tiempos y porque tengo la esperanza de que en ese nuevo tiempo la decencia sea la meta.